domingo, 15 de diciembre de 2013


INSEGURIDAD, INDIFERENCIA, NEGLIGENCIA VIAL

Sofía Flores

Tolerancia cero en las carreteras dio como resultado disminuir los crecientes accidentes en las rutas del transporte interprovincial, pero existe un problema aun mayor el cual ha pasado a formar uno de los peores problemas en las vías y al parecer nuestras autoridades aún se muestran incapaces de controlar, inseguridad, indiferencia , negligencia.

Conductores con mal historial , empresas de transporte haciéndose la vista gorda indiferentes al elemento humano que ponen en los servicios de sus unidades carentes de un descanso prudencial necesario , services quienes por su ambición o incapacidad empresarial  se enfrentan en licitaciones cuya competencia tiene la finalidad de ofrecer el servicio más barato en base a la explotación del ser humano y por ende un pésimo desempeño en las rutas creando inseguridad entre los peruanos que transitan a diario, ante la mirada indiferente de las grandes empresas.

Poco a poco los accidentes por error humano se acrecientan ante la paciente miranda de nuestras autoridades, municipalidad de Lima, ministerio de transporte, ministerio de trabajo, defensoría del pueblo, mientras nuestras pistas se llenan de sangre inocente.

Un accidente provocado por un tráiler cobro la vida de dos peruanos jóvenes, desperfecto mecánico es la palabra mágica para la justificación y deslinde de responsabilidades,  la verdadera causa se esconde y se sigue cubriendo con más indiferencia.

La negligencia acompañada de corrupción permitió también el contrabando de artículos pirotécnicos dentro de un transporte de juguetes provocando un verdadero siniestro que pudo cobrar más vidas en las vías.

El sentido empresarial en muchos comerciantes deshonestos solo tiene un precio, ir depositando en sus bolsillos el peculado de utilidades generadas atentando contra la vida e integridad de la población, para estos malos negociantes poco les importa si sus ganancias están teñidas de sangre, o ser el medio latente  causantes de una desgracia.

Cuando en un país la burocracia es indolente y negociable, todo lo demás es permitido hasta convertirse en costumbre cotidiana.

Estamos a merced de inseguridad ciudadana, choferes  imprudentes irresponsables, así como  conductores  carentes de sueño exigiéndose más de lo que la naturaleza humana permite, empresarios indolentes mezquinos e indiferentes, autoridades incapaces de emprender estrategias de solución.

Solo nos queda en especial a los creyentes, rogar cada día  regresar sano y salvo a nuestros hogares.