UNA
LUCHA REALISTA CONTRA LA CRIMINALIDAD
Sofía
Flores
Durante la última
campaña electoral podíamos percibir a viva voz “mano dura contra la
delincuencia” “pena de muerte para los violadores de niños”, inclusive era un
eco compartido por muchos políticos , mas hoy este clamor se ahogó con la complacencia del
respeto a la vida, a los derechos
incluyendo el de los criminales, bajo esta toma de conciencia más fácil ha sido
pasar el problema a la policía nacional , criticada e investigada hasta el mínimo
detalle en su accionar bajo una legislación que lejos de ayudarla los pone al
mismo nivel de un criminal, con la eterna consigna del respeto a los derechos
humanos.
Ante la
criminalidad solo se escuchan voces de más resguardo policial, más patrullaje, policías
motorizadas o mejorar el trabajo del serenazgo, es decir solo atinamos a
sacudir la delincuencia mas no tomarla con seriedad a nivel de todas las
instancias implicadas , las cuales son el pilar primordial para una buena prevención
, protección y control.
Hasta el
momento, como siempre ha sido cuando no se toma el problema con responsabilidad,
todas las fallas o errores de la inseguridad ciudadana se han descargado en el
ministerio de interior, quienes también han mostrado debilidad para exigir al
estado mayores recursos, una mejor legislación en donde protegerse así como un
sistema penitenciario que no sea el proveedor de planes delincuenciales.
El problema
de la inseguridad ciudadana debe verse con frialdad e inteligencia, haciéndonos
recapacitar entre los deberes y derechos del ciudadano, diferenciándolos de
aquellos que están al margen de la ley.
Los
principios nos marcan un orden para vivir de acuerdo a reglas, nos enseñan y
enseñamos que toda falta tiene un castigo para así reconocerlas, enmendarlas y
corregirlas, sin embargo en la realidad se pierde esa concepción cuando por
razones legales tanto el ciudadano justo
como el criminal tienen los mismos derechos, nos es raro entonces ver pasar por
nuestras narices a delincuentes libres sin haber hecho reparación alguna, mucho
menos rehabilitados ni corregidos.
Para que
nuestro sistema de protección al ciudadano funciones se necesita la participación
de todos, a fin de apoyar las medidas drásticas necesarias para controlar este
flagelo, aquí es fundamental el rol de
los medios de comunicación así como la población
en general, para no poner vallas u obstáculos moralistas, centrándonos en la razón
y la justicia.
Es así como
podremos dar a nuestras autoridades un pleno respaldo para implementar leyes más
severas, con un poder judicial que contemple criterios más justos en el
tratamiento al criminal, con asociaciones de DDHH que no hostiguen a nuestro
sistema jurídico, una mejor administración en la policía nacional controlando
los focos de corrupción con incentivos y procedimientos justos entre sus
miembros, asimismo el estado debe aminorar los plazos en la otorgación de recursos pertinentes, así como nombrar
profesionales idóneos en la implementación de planes y estrategias de lucha
contra la criminalidad.
La
seguridad ciudadana es tarea de todos, esto se lograra cuando podamos visualizar este problema en forma
colectiva dejando nuestra cultura individualista plagada de egoísmo y
mezquindad, debemos contemplarla con sensatez a través de la prevención ; a lo
largo de nuestra vida podemos ver la formación de esta lacra desde los
inofensivos niños que pululan nuestras calles en abandono, después pirañas, más
tarde maleantes y delincuentes de alto vuelo, la prevención debe contemplar
exigir a nuestras autoridades locales programas de servicio social así como estrictos planes de planificación
familiar. La protección a la familia es trabajo del MINDES cuya función debe
ser realista y funcional.
La prevención
debe ir más allá de seguir poniéndonos rejas, muelles o resguardando calle por
calle, debemos ver el problema desde su raíz, el mal siempre existirá, nuestro
trabajo es minorizar sus efectos en
nuestras vidas, cortando riesgos e inculcando en nuestros jóvenes la
autodisciplina a fin de no ser presa fácil de la delincuencia.
Exijamos a
nuestro gobierno enfrentar este flagelo con severidad y realismo a través de
todas sus instancias, necesitamos resultados no más justificaciones o excusas, no esperemos estar entre las ciudades más
inseguras del mundo, con cúpulas sangrientas difíciles de combatir. El
ciudadano cumplidor de la ley debe tener
el derecho primordial a ser protegido por sus autoridades, así como también respetar
su derecho a defender su integridad y la vida de sus seres queridos.